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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

6 de febrero de 2016

El Apureño y su Identidad

Entrada publicada originalmente el 23/10/2011
El cronista de san Fernando de Apure, Argenis Méndez Echenique, en un artículo denominado APUREÑIDAD, IDENTIDAD E IDIOSINCRASIA LLANERA, publicado en el libro APURE, EN CUERPO Y ALMA, hace un interesante análisis sobre la identidad nacional del llanero y queremos transcribir algunos párrafos, por parecernos de gran interés para este Blog.

La nómada población llanera estaba constituida por pequeños grupos que transitaban por el inmenso territorio, pero, como todo grupo humano, poseía una cultura propia, con elementos fundamentales como la lengua, religión y costumbres y se relacionaban de distintas maneras (comercio de trueque, incursiones de caza, pesca, recolección, saqueo y captura de mujeres y niños, en algunos casos). Estos elementos comunes es lo que origina el término Identidad. En este caso, nuestra Amerindia estaba representada en el llano y especialmente en el Apure por Otomacos, yaruros (pumé), guahibos, cuivas (jiwi), achaguas (arawacos), chiricoas, tumebos, salivas, taparitas y guamonteyes, entre otros.

Luego, la presencia europea agregaría otro elemento étnico, que sería el blanco, con sus salpicaduras de negritud esclava o fugitiva. El resultado final sería el acrisolado mestizaje que conformaría el llanero apureño.

Los primeros centros urbanos organizados a la manera española se conformaron con población indígena, por los misioneros religiosos capuchinos andaluces, aportadores de nuevos elementos culturales, como instrumentos de cuerda, cantos y romanceros populares de sus tierras de origen, que amalgamados con los talentos nativos forjaron el joropo, la tonada el contrapunteo, ayudando a mitigar la soledad y la fatiga de la faena diaria del llanero apureño en un horizonte preñado de infinitud,

Según Pérez Cruzatti, los paradigmas llaneros, si es que puede hablarse en tales términos, "se manifiestan en su forma de pensar, de sentir y de expresarse, pues este ente tiene una cosmovisión muy particular". Esos rasgos ejercen una influencia determinante en su conducta, aun cuando muchos de los propios valores han sido escamoteados mediante la transculturación y el bombardeo de estereotipos pertenecientes a culturas ajenas a la nuestra, que son mal asimilados por nuestra gente, menoscabando su autenticidad llanera.

Algunos de los aspectos generales arraigados en el alma del llanero son:
• Concepto muy especial de Dios. Es un Dios humanizado, con el que se puede dialogar y compartir . “ Dios y Hombre”, “Con Dios y la Virgen” son expresiones comunes en la boca del llanero. (Yo añadiría la de los bongueros ¿Con quién vamos? Vamos con Dios, o con el “viejito”)
• Amplio concepto de libertad individual, territorial, de espíritu y pensamientos, libertad de acción.
• Concepto de patria. La patria chica y la patria grande. Patria chica, la llanura; patria grande, Venezuela
• La familia y el parentesco. El compadrazgo
• La amistad y lealtad al amigo
• Hospitalidad
• EL valor personal, coraje y resolución ( la autoestima)
• La generosidad y amplitud, derivadas tantas veces en la abnegación
• El trabajo creador
• El compromiso de la palabra empeñada
• El romance y la fantasía en el alma del llanero, expresados a través de la copla y la música
• La llanura global: un mundo propio de horizontes abiertos
• Intemporalidad. “El llanero no tiene prisa”
• Simbiosis con la naturaleza, sin romper el equilibrio ecológico
• Sobrio estilo de vida

“Algunos estudiosos del tema llanero hablan de un proceso recesivo. De una crisis de valores e identidades, generada fundamentalmente por la tecnología moderna y la economía capitalista neoliberal.

En parte es verdad, hay que reconocerlo. El llano de hoy es diferente. El Apure de caballo, toro y soga es cosa de leyenda. La sabana ya no es libre, la limita la cuerda de alambre, símbolo de la propiedad privada. El toro ya no pita en el paradero, como diría Lazo Martí, ni hay rodeos ni retozos de “hatajos de bestias” como antaño, pues el ganado ha sido sustituido por el manso y calmo cebú Brahman de la India, que es pastoreado ahora hasta en bicicleta, acabando con ancestrales tradiciones llaneras. El caballo va siendo desplazado de las faenas vaqueras y ha quedado solo para ser exhibido en las fiestas de toros coleados en los pueblos”

“La integridad de un pueblo está en peligro cuando ha perdido el hilo de sus tradiciones y costumbres, el culto activo a sus héroes y santos y el amor de sus dioses tutelares, sean éstos buenos o malos”, en opinión de Matthyas Lossada

Ahora existe otro llano que no es el de Pajarote, el de Calzadilla Valdés, el de Antonio José Torrealba, el de Juan Bruno Espinoza, el de Sánchez Olivo, el de Alberto Arvelo, el de Germán Fleitas Beroes, José León Tapia, Ruiz Guevara, Adolfo Rodríguez o Don Felipe Martínez Veloz

A este llano en transformación también hay que construirle un rostro humano que nos hable de nosotros mismos, de nuestra historia, del amor a las tradiciones propias, de las creencias y costumbres de nuestros ancestros. Por lo que debemos recrear nuestras leyendas, un nuevo reto de Florentino con el Diablo, una nueva búsqueda de Mayalito a su amigo Carrao, un nuevo Silbón que siga recorriendo las sabanas espantando a los desprevenidos viajeros, una sayona que continúe asustando a los trasnochadores. La luz eléctrica no debe acabar con nuestros fantasmas ¿Qué pasaría si matáramos al centauro que todos los llaneros llevamos dentro?

Pero con sentida añoranza, el llanero viejo ve que todo ese apego a lo tradicional y que caracteriza su mundo va quedando en el rincón del olvido. Solo se conserva ese acervo patrimonial en la memoria, en el famoso baúl de los recuerdos y en las interpretaciones de nuestros copleros.

La Identidad llanera, la identidad venezolana, la identidad latinoamericana, no se pierde nunca, sino que se transforma y sigue nuevos canales para manifestarse. La esencia sigue persistiendo y hay que seguir alimentándola."
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