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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

17 de octubre de 2011

La Piedra de Centella

El Llano-Ricardo Montilla
En esa sabana abierta, cubierta con gramínias reverdecidas de mayo, un árbol, una palma, son los vehículos con que tanto la tierra como el cielo descargan su electricidad: "El rayo a la palma sola, le tira señeras puntas", nos dice el poeta Arvelo.

Cuenta el Abuelo que la llamada Piedra de Centella,   se forma cuando un rayo que cae o sale de la tierra, ocasionando tal temperatura en las tierras arcillosas, que la tierra se funde y al enfriarse se  "cristaliza", formando una masa oscura, muy resistente a la cual, las creencias de los pueblos, le atribuyen condiciones mágicas o de amuletos. Esta Piedra es conocida en todo el mundo, dándole distintos nombres como Piedra de Nube y Piedra de Rayo,entre otros y en todo el mundo el pueblo le atribuye "poderes" y distintas teorías sobre su formación.

Buscando un poco mas de informacion al respecto,  dimos con una pagina europea llamada Revista de Folklore , que aporta interesantes datos adicionales sobre las creencias mundiales sobre esta piedra. He aquí algunos fragmentos:

"El origen celeste de estas piedras estaría relacionado con antiguos mitos que describían los astros o el propio cielo construido por piedras, las cuales podrían desprenderse aisladamente durante las lluvias o tormentas, gozando de la sacralidad de lo alto y estando ungidas de una cierta fuerza mágica esotérica. De esta forma, dentro de las creencias populares de varias regiones europeas se considera que las tormentas son producidas por grandes piedras o carros llenos de ellas que ruedan por los cielos y de sus choques salta el relámpago, mientras se desprenden trozos de piedra que caen a los campos, donde se encuentran al día siguiente de las tormentas, considerándolas “piedras del rayo” de singular poder.

Respecto a los conocimientos populares que se tienen de la piedra del rayo en territorio leonés, hemos podido recoger diferentes descripciones de la misma a lo largo de la provincia, que indican que las formas y colores que pueden tener son muy diversos, con la única generalidad de que todas ellas son traídas por el rayo. Estos son algunos ejemplos:

“Las piedras de centellas eran cristalizadas y cuando caía un rayo, caían ellas” (Cunas, La Cabrera).

“Tiene cuatro picos y es de vetas blancas y negras. Caen sobre los árboles y por eso es peligroso refugiarse bajo ellos durante las tormentas” (Villadiego de Cea).

“…estas piedras eran de los rayos, o sea cuando cae un rayo se mete debajo de la tierra, pero poco a poco va saliendo y cuando llega arriba, sale en forma de una piedra muy lisa y muy bonita…” (Nava de los Oteros).

“ Había una piedra redonda, que espantaba las tormentas” (Azadinos).

“ La piedra de nube… sí, aquí caían muchos rayos en los chopos y los rajaba, se pensaba que era porque acababan en piedra” (La Seca).

“…se trataba de un collar de hachas de piedra que procedía probablemente del castro de la Canalina.

Los labriegos advertían que las formas de la piedra no eran naturales, atribuyéndolas al rayo” (Montaña del Cea).

“…Me la enseñó el cura, la tenía en la sacristía, era negra así como quemada, acababa en punta, tendría unos quince centímetros… caía con la nube” (Sequillo del Páramo).

“…el rayo, que resulta ser una piedra muy dura que, al caer, causa destrozos varios y mata a la gente… Tales piedras, perfectamente pulimentadas, en forma de luna llena, son de cuarzo oscuro o caliza; también las hay de material férrico (limonita y oligisto) con alguna incisión” (El Bierzo)."

“Las hachas de piedra pulimentada, creen que caen de la atmósfera con las centellas; se hunden siete estadios bajo tierra, y cada año suben otro estadio; de modo que a los siete años se hallan otra vez en la superficie. El que encuentra una puede considerarse dichoso y afortunado, primero porque la piedra es ya en sí algo preternatural y milagroso; se le ata un hilo, se la echa en la lumbre y no se quema –dicen– el hilo…” (Concejo de La Lomba, Omaña)

"Otra característica que presentan las piedras del rayo es su asociación con el número mágico siete. En Castilla y León y otros lugares de España se considera que la chispa del rayo se incrusta en la tierra, se convierte en piedra y ésta aflora a la superficie al cabo de siete años, si bien en algunos lugares se afirma que es cada setecientos años, por cuanto cada cien años sube un estadio desde la profundidad donde se encuentra. Por su parte, en ciertas localidades andaluzas, no es la tierra, sino el árbol donde cae el rayo, el que produce la piedra al cabo de siete años."

Debido a su procedencia celeste, estas piedras del rayo son consideradas como fetiches o talismanes dotados de amplios poderes, cuya fuerza puede extenderse a la protección de la colectividad, no sólo frente a las tormentas, sino también para evitar o curar enfermedades humanas, para proporcionar suerte en determinados momentos de la vida y también como defensa de los animales domésticos.

"Así lo expresaba el arqueólogo, historiador y etnógrafo leonés César Morán, en sus Notas folklóricas leonesas:
La piedra de rayo o el hacha neolítica es remedio para infinidad de males. Frotando con ella se cura la ubre de las vacas; teniendo una en el bolsillo da la buena suerte y preserva de maleficios; no caen centellas en las casas; no rabian los perros. Los pastores llevan una en el zurrón y la conservan como un tesoro."

"Con todo, su uso más difundido, es como defensa frente a la tormenta, probablemente, en base a un principio de magia homeopática, de modo que lo semejante rechaza lo semejante, y donde exista ya un rayo (la piedra) no puede caer otro, porque sería rechazado. La protección se extiende a las viviendas, las cuadras, los sembrados o las propias personas y por ello, Julián Sanz Martínez, señalaba sobre su uso en León que protegía a la persona que la llevaba y al mismo tiempo preservaba la casa, echándola al fuego o simplemente poniéndola en un lugar visible, por ejemplo en una ventana al lado de la vela bendita del Jueves Santo, ya que de esta manera tendría el poder de repeler los rayos y transformar el granizo de la nube en benéfica e inofensiva lluvia."



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